"De la mala calidad se aprende... de la buena calidad se vive"
Hoy me apetece ponerme un poco más “didáctico” y acercaros
un concepto que no es medido habitualmente en las compañías pero que es la base
del resultado empresarial de todas ellas, estoy hablando de los costes de Mala
Calidad. Estos costes son simple y llanamente los costes de hacer las cosas
mal, también llamados por algún familiar cercano que mantendré en el anonimato
CPG “Costes por Gili…” y pueden suponer entre el 25 y el 40% de los costes
totales de una empresa. Estos costes desaparecerían por completo si todas las
actividades se llevaran a cabo de forma eficaz y sin ningún defecto, es
decir, a medida que se mejoran los procesos, disminuyen los costes de mala
calidad. ¿Imagináis los beneficios que se obtendrían por el simple hecho de que
los procesos fueran eficaces y productivos?
Aunque parece obvio, a las empresas les cuesta asumir que su
forma de actuar implica costes y terminan por asumirlos como naturales o
inherentes al funcionamiento de la compañía… aquí me viene a la mente la
consabida frase de “Llevamos trabajando así 30 años y no nos ha ido mal, ¿Por
qué cambiar?”… lo cierto es que igual podía haberte ido mejor…
Estos costes de Mala Calidad los podemos dividir en tres
categorías: Primero tendríamos los Costes de evaluación/inspección,
aquellos costes asociados al descubrimiento de los fallos o deficiencias antes
de que afecten a los clientes. Ejemplo de estas actividades son las pruebas
piloto, las validaciones o revisiones de póliza del seguro antes de ser
emitidas, la comprobación de textos antes de publicar un documento o las
revisiones a un determinado proceso. Estas acciones tienen por objetivo evitar
unos mayores costes de fallos posteriormente en el proceso.
El segundo tipo de costes de mala calidad son los costes
de Fallos Internos, costes asociados al retrabajo, errores,
sustitución o no aceptación de trabajos defectuosos. Si bien el cliente no lo
siente directamente, el servicio proporcionado puede verse afectado de forma
indirecta por retrasos, etc. Unos ejemplos de fallos internos pueden ser
corregir errores en diferentes bases de datos, reescribir parte de una
propuesta de póliza por errores, trabajar horas extras para conseguir cumplir
el plazo acordado el cliente o no poner en marcha desarrollos informáticos ya
realizados.
Y por último tenemos los costes de Fallos Externos,
fallos que el cliente ve. Son los más caros de
corregir, y acaban generando costes importantes asociados a intentos para
recuperar la confianza del cliente. Habitualmente conducen a una pérdida de
volumen de cliente y es un coste que normalmente no puede ser calculado en
términos tangibles. Ejemplos de fallos externos son la gestión de reclamaciones
de clientes, la corrección de errores en facturas, los retrasos en la
prestación de un servicio o un pago, penalizaciones o intereses pagados por
culpa de errores, etc.
Por todo esto, uno de los primeros pasos que se toman al
comenzar un proyecto de mejora IMPULSA es la estimación de los costes que
genera el problema que pretendemos analizar, principalmente porque derivados de
estos costes se encuentran los beneficios del propio proyecto IMPULSA… y además
es la mejor manera de convencer a los responsables del proceso de la necesidad
de cambiar y mejorar dicha actividad.
Al turrón!!!!

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